Gracias a innumerables atajadas, el guardameta de 40 años mantuvo el cero a favor del archipiélago africano
Este lunes amanecimos con un batacazo en la Copa del Mundo de la FIFA. La debutante selección de Cabo Verde, por la que quizás en el mundo nadie apuesta, le sacó un empate 0-0 a la poderosa España por el Grupo H en Atlanta. Y un jugador que se robó todas las miradas y además, se llenó de seguidores en redes sociales a sus 40 años, fue Josimar Dias, conocido como Vozinha.
Y es que Vozinha se convirtió en un dolor de cabeza para una España plagada de estrellas, lideradas por el joven Lamine Yamal. Vozinha detuvo toda ocasión de gol que salió de Pedri y de Mikel Oyarzabal. Pero, ¿cuál es la historia de este portero que tiene la dicha de disputar un mundial estando ya en edad de retiro?
Josimar José Évora Dias, conocido como Vozinha, nació el 3 de junio de 1986 en Cabo Verde y empezó su carrera en Butarque, de su país natal. Salió al extranjero para jugar en el Progreso Sambizanga de Angola, otra nación de su continente cuyo idioma es el portugués.
Tras ello, Vozinha jugó en países como Moldavia, Chipre y Eslovaquia, siendo hoy portero del Chaves de la segunda división de Portugal. El jugador reveló que quisieron llamarlo Valdano, como el astro de Real Madrid que días antes de su nacimiento había marcado en el mundial de México 1986, pero las autoridades caboverdianas lo impidieron. Sus padres, fieles al fútbol, decidieron llamarlo Josimar, como el lateral de la selección brasileña de aquella Copa.
Y su apelativo de Vozinha se relaciona con su niñez en la isla de São Vicente. «El apodo viene de mis abuelos. Nunca viví con mis padres. Cuando nací, mi padre estaba en el ejército y mi madre siempre tuvo que trabajar para ganarse la vida. Así que siempre crecí con mis abuelos. En mi barrio, los chicos eran mucho mayores y yo siempre jugaba en la calle, donde me pegaban mucho», dijo anteriormente en una entrevista con la FIFA.
El significado de ‘Vozinha’ es «abuelita en portugués. «Jugaba muy bien con los pies, era competitivo y rebelde, no me gustaba perder. Recibía muchos golpes, y cuando no podía vengarme, volvía a casa enfadado, con cara de pocos amigos, y se burlaban diciendo que iba a quejarse a sus abuelos”, comentó.
